sábado, 31 de marzo de 2018

In memoriam, en el Aniversario de León Degrelle


           Tal día como hoy, el 31 de Marzo de 1994, moría en Málaga (España) el camarada León Degrelle. La Divina Providencia dispuso que se presentase ante Dios un Jueves Santo, el día por excelencia de la Misericordia.

Nunca vi triste a León Degrelle. Le desbordaba su alegría cristiana interior. Tengo muy presente una de sus frases: “Soy tan solo un derrotado provisional” 

(Blas Piñar)




           No hay opción : o revolución espiritual o fracaso del siglo. La salvación del mundo está en la voluntad de las almas que tienen fe. Por esto, España mística, España de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz, de San Francisco Javier, de San Ignacio, por esto, yo creo en tu misión junto a la cual tus pasajeras desgracias nada son; misión privilegiada entre todas: la de derramar en las almas en agonía la sangre de tu alma ardiente.

         
Has conquistado una ancha parte del mundo confiando a la Virgen las velas de tus carabelas y clavando la Cruz en cada uno de los pedazos de tierra hallados por tus conquistadores y por tus monjes.

           
Tu juventud es como un ejército de Cruzados ¡Español, hijo de Dios, sigue derecho tu camino!

           ¡
El siglo te aguarda!”


(Camarada León Degrelle)




MARZO, MES DE SAN JOSÉ DÍA 31: EL PODER DE SAN JOSÉ EN EL CIELO Y SU PATROCINIO SOBRE LA IGLESIA





          MEDITACIÓN: José fue, en la tierra, el depositario del poder de Dios Padre, y no se puede negar que hizo buen uso de ese poder; ¿cómo negarle ahora el premio?


     José, en la tierra, cuidó de la vida del divino Hijo, y es cierto que se desempeñó bien de esta incumbencia: ¿cómo le negará ahora el Hijo agradecido qué le pida?

     José, en la tierra, fue custodio fidelísimo de María: ¿le negará que esa Señora sea dispensadora de las gracias que pasan por Ella?

     Siendo tan grande el poder de San José, recurre a él en todas sus necesidades.

     San José, por elección de Dios, fue constituido cabeza y defensor de la Sagrada Familia. ¿Quién mejor que él defenderá a la familia de Cristo, que es la Iglesia? 

     Cuidó y guardó a Jesús, fundador de la Iglesia. ¿Quién podría cuidar mejor de la obra de Jesús, la Iglesia?

     Como hijos de la Iglesia, somos hijos de San José. Seamos devotos.

          FRUTO: Fomentar siempre la devoción a este gloriosísimo Santo.

          JACULATORIA: San José, quiero ser siempre vuestro: aceptadme y amparadme.

          ORACIÓN: Oh Dios, que por inefable providencia te dignaste escoger a San José por esposo de tu Madre Santísima; nos concede, te lo pedimos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo, aquel que veneramos en la tierra como protector. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos. Amén.

          TERMINAMOS rezando el Avejosefino:





ACOMPAÑEMOS A NUESTRA SANTA MADRE en Su Dolor y Soledad esta noche del Viernes Santo...





          MEDITACIÓN: "Si no podemos corresponder más a un tal gran amor, al menos dediquemos algunos momentos en este día de hoy para considerar cuan grandes fueron los sufrimientos por los cuales María se hizo Reina de los Mártires; porque los sufrimientos de Su Gran Martirio excedieron los de todos los Mártires, en primer lugar por ser los más largos, y en segundo lugar por ser los mayores en intensidad

(San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia)



          EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS REVELA: “Para Mí lo más grande es Mi Madre, y no solamente no la puedo consolar, sino que el lamentable estado en que me ve procura a Su Corazón un sufrimiento semejante al mío. ¡La muerte que Yo sufro en el Cuerpo la recibe Mi Madre en el Corazón! ¡Ah! ¡Cómo se clavan en Mí Sus ojos, y los Míos, oscurecidos y ensangrentados, se clavan también en Ella! No pronunciamos una sola palabra; pero ¡cuántas cosas se dicen Nuestros Corazones en esta dolorosa mirada!...

(UN LLAMAMIENTO AL AMOR, Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a Sor Josefa Menéndez)








viernes, 30 de marzo de 2018

SI ME AMAS DE VERAS...¿QUÉ REHUSARÁS A MI AMOR?.Tercera Reflexión para el Viernes Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"

     
           En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 



Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
y de Mis confidencias con las almas.




          ¡Contempladme, Ángeles del Cielo!... ¡Ved al Creador de todas las maravillas, al Dios a quien rinden adoración los Espíritus Celestiales, caminando hacia el Calvario y llevando sobre Sus hombros el leño santo y bendito que va a recibir Su último suspiro!... 



          Vedme también vosotras, almas que deseáis ser Mis fieles imitadoras. Mi Cuerpo, destrozado por tanto tormento, camina sin fuerzas, bañado de sudor y de Sangre... ¡Sufro... sin que nadie se compadezca de Mi dolor!... La multitud me acompaña y no hay una sola persona que tenga piedad de Mí!... ¡Todos me rodean como lobos hambrientos, deseosos de devorar su presa!

          Seguid conmigo unos momentos y a los pocos pasos me veréis en presencia de Mi Madre Santísima, que con el Corazón traspasado de dolor sale a Mi encuentro para dos fines: cobrar nueva fuerza para sufrir a la vista de Su Dios..., y dar a Su Hijo con su actitud heroica aliento para continuar la obra de la Redención.

          Para Mí lo más grande es Mi Madre, y no solamente no la puedo consolar, sino que el lamentable estado en que me ve procura a Su Corazón un sufrimiento semejante al mío. ¡La muerte que Yo sufro en el Cuerpo la recibe Mi Madre en el Corazón! ¡Ah! ¡Cómo se clavan en Mí Sus ojos, y los Míos, oscurecidos y ensangrentados, se clavan también en Ella! No pronunciamos una sola palabra; pero ¡cuántas cosas se dicen Nuestros Corazones en esta dolorosa mirada!...

          Pero... ha llegado la hora, y tendiéndome sobre la Cruz, los verdugos cogen Mis brazos y los estiran para que lleguen a los taladros preparados en ella. Con tal atroces sacudidas todo Mi Cuerpo se quebranta, se balancea de un lado a otro y las espinas de la corona penetran en Mi cabeza más profundamente. ¡Oíd el primer martillazo que clava Mi mano derecha...; resuena hasta las profundidades de la tierra!... Ya clavan mi mano izquierda...; ante semejante espectáculo los Cielos se estremecen; los Ángeles se postran. ¡Yo guardo profundo silencios... ¡Ni una queja se escapa de Mis labios! Después de clavarme las manos, tiran cruelmente de los pies...; las llagas se abren..., los nervios se desgarran..., los huesos se descoyuntan... ¡El dolor es inmenso!... ¡Mis pies quedan traspasados..., y Mi Sangre baña la tierra!...»

          ¡Estad atentos, Ángeles del Cielo!, y vosotros, todos los que me amáis. Los soldados van a dar la vuelta a la Cruz para remachar los clavos y evitar que, con el peso de Mi Cuerpo, se salgan y lo dejen caer. ¡Mi Cuerpo va a dar a la tierra el beso de paz! ¡Mientras los martillazos resuenan por el espacio, en la cima del Calvario se realiza el espectáculo más admirable!... A petición de Mi Madre, que contemplando lo que pasaba y siéndole a Ella imposible darme alivio, implora la Misericordia de Mi Padre Celestial..., legiones de Ángeles bajan a sostener mi Cuerpo adorable para evitar que roce la tierra y que lo aplaste el peso de la Cruz...»

          ¡Contempla a tu Jesús tendido en la Cruz!..., sin poder hacer el menor movimiento..., desnudo..., sin fama..., sin honra, sin libertad... Todo se lo han arrebatado... ¡No hay quien se apiade y se compadezca de Su dolor...; sólo recibe tormentos, escarnios y burlas!...; si me amas de veras, ¿qué no harás para asemejarte a Mí? ¿A qué no estarás dispuesta para consolarme? Y ¿qué rehusarás a Mi Amor?


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez






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reciban también este llamado a la conversión.



MARZO, MES DE SAN JOSÉ DÍA 30: LA ASUNCIÓN DE SAN JOSÉ




          MEDITACIÓN: La Asunción de San José no es una verdad de fe proclamada por la Iglesia, pero la misma es sentida por sus devotos que creen piadosamente que para que Nuestra Señora fuera glorificada en todo, el día de su Asunción al Cielo, era necesario que su otra en parte, la carne de su carne, esto es San José, su Esposo Castísimo, que se unió profundamente a ella, por el sacramento del Matrimonio se glorificó. No podía su cuerpo Inmaculado estar en el cielo y su otra parte en la tierra.


      San José era todo unido a Nuestra Señora y Nuestra Señora era toda unida a San José, como ambos estaban unidos a Jesús. Los dos se convirtieron en una sola cosa, una sola carne, inseparables. Todo lo que pertenecía a la Santísima Virgen debía estar glorificado en el cielo, porque todo lo que era de ella se elevó por completo y definitivamente, incluso San José.

      Esta es la gran gloria y poder que la Santísima Trinidad dio a San José en el cielo, coronado por los méritos de su amor, virtudes, humildad y obediencia a la voluntad de Dios.

      Así como su Esposa Santísima, ocurre también con él. Porque la gloria de la Esposa es también la gloria del Esposo. Todo esto fue decretado por Dios, para la plena realización del misterio salvífico de Cristo en el mundo.

            INVOCACIÓN: Oh San José, ayúdame a hacer más conocidas vuestras glorias y vuestro inmenso amor. Que toda la humanidad reconozca cuanto sois grandioso en el cielo, como también, el poder de vuestra intercesión. Amén!

            ORACIÓN: Oh Dios, que por inefable providencia te dignaste escoger a San José por esposo de tu Madre Santísima; concédenos te pedimos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo, aquel que veneramos en la tierra como protector. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos. Amén.

          TERMINAMOS rezando el Avejosefino:




NO QUEDÓ EN MÍ UN SOLO HUESO QUE NO FUESE QUEBRADO... Segunda Reflexión para el Viernes Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"


         En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 

Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
 y de Mis confidencias con las almas. 



          «Mira cómo este hombre, confundido y enredado en sus propios lazos, no sabe qué hacer de Mí, y para apaciguar el furor del populacho manda que me hagan azotar.» 

          Así son las almas cobardes, que faltas de generosidad para romper enérgicamente con las exigencias del mundo o de sus propias pasiones, en vez de cortar de raíz aquello que la conciencia les reprende, ceden a un capricho, se conceden una ligera satisfacción, capitulan en parte con lo que la pasión exige. Y para acallar los remordimientos, se dicen a sí mismas: — Ya me he privado de esto, —sin ver que es sólo la mitad de lo que la gracia les pide. Sólo diré una palabra... Alma querida, como Pilatos me haces flagelar. Ya has dado un paso... Mañana darás otro... ¿Crees satisfacer así tu pasión? No...; pronto te pedirá más, y como no has tenido valor para luchar con tu propia naturaleza en esta pequeñez, mucho menos la tendrás después cuando la tentación sea mayor. Miradme, almas tan amadas de Mi Corazón, dejándome conducir con la mansedumbre de un cordero al terrible y afrentoso suplicio de la flagelación...

           Sobre mi cuerpo ya cubierto de golpes y agobiado de cansancio, los verdugos descargan cruelmente, con cuerdas embreadas y con varas, terribles azotes. Y es tanta la violencia con que me hieren, que no quedó en Mí un solo hueso que no fuese quebrantado por el más terrible dolor... La fuerza de los golpes me produjo innumerables heridas... Las varas arrancaban pedazos de piel y carne divina... La Sangre brotaba de todos los miembros de Mi Cuerpo, que estaba en tal estado, que más parecía monstruo que hombre.

          No rehuyo la humillación, antes me abrazo con ella, para expiar los pecados de soberbia y atraer a las almas a imitar mi ejemplo. Permití que me coronasen de espinas y que Mi cabeza sufriera cruelmente para expiar la soberbia de muchas almas que rehúsan aceptar aquello que las rebaja a los ojos de las criaturas. Consentí que pusieran sobre Mis hombros un manto de escarnio y que me llamasen loco; para que las almas no se desdeñen de seguirme por un camino que a los mundanos parece bajo y vil y quizá a ellas mismas indigno de su condición. 

          No, almas queridas, no hay camino, estado ni condición humillante cuando se trata de cumplir la Voluntad Divina...; no queráis resistir, buscando con vanos y soberbios pensamientos el modo de seguir la Voluntad de Dios haciendo la vuestra. Ni creáis que hallaréis la verdadera paz y alegría en una condición más o menos brillante a los ojos de las criaturas... No; sólo la encontraréis en el exacto cumplimiento de la Voluntad Divina y en la entera sumisión para aceptar todo lo que Ella os pida.


Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez






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JESÚS ES DESPRECIADO POR EL POPULACHO, QUE ELIGE A BARRABÁS. Primera Reflexión para el Viernes Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"


          En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 

Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
 y de Mis confidencias con las almas. 




  
          Coronado de espinas y cubierto con un manto de púrpura, los soldados me presentaron de nuevo a Pilatos. No encontrando en Mí delito para castigarme, Pilatos me hizo varias preguntas, diciéndome que por qué no le contestaba siendo así que él tenía todo poder sobre Mí... Entonces, rompiendo Mi silencio, le dije: No tendrías ese poder si no se te hubiese dado de arriba; pero es preciso que se cumplan las Escrituras. Y cerrando de nuevo los labios me entregué... Pilatos, perturbado por el aviso de su mujer y perplejo entre los remordimientos de su conciencia y el temor de que el pueblo se amotinase contra él, buscaba medios para libertarme..., y me expuso a la vista del populacho en el lastimoso estado en que me hallaba, proponiéndoles darme la libertad y condenar en Mi lugar a Barrabás, que era un ladrón y criminal famoso... A una voz, contestó el pueblo: — ¡Que muera y que Barrabás sea puesto en libertad!

          Almas que me amáis, ved cómo me han comparado a un criminal y ved cómo me han rebajado más que al más perverso de los hombres... ¡Oíd qué furiosos gritos lanzan contra Mí!... ¡Ved con qué rabia piden Mi muerte! ¿Rehusé, acaso, pasar por tan penosa afrenta? No, antes al contrario, me abracé con ella por amor a las almas y para mostraros que este amor no me llevó tan sólo a la muerte, sino al desprecio, a la ignominia, al odio de los mismos por quienes iba a derramar Mi Sangre con tanta profusión. No creáis, sin embargo, que mi naturaleza humana no sintió repugnancia ni dolor...; antes, al contrario, quise sentir todas vuestras repugnancias y estar sujeto a vuestra misma condición, dejándoos un ejemplo que os fortalezca en todas las circunstancias de la vida.

          Ahora quiero volver a tratar de las almas de quienes hablaba ayer. De esas almas a quienes llamo al estado perfecto, pero vacilan, diciendo entre sí: «No puedo resignarme a esta vida de oscuridad..., no estoy acostumbrada a estos quehaceres tan bajos...; ¿qué dirán mi familia, mis amistades? Y se persuaden de que con la capacidad que tienen o creen tener, serán más útiles en otro lugar. Voy a responder a estas almas: «Dime, ¿rehusé Yo o vacilé siquiera cuando me vi nacer de familia pobre y humilde..., en un establo, lejos de mi casa y de mi patria..., de noche..., en la más cruda estación del año?... Después viví treinta años de trabajo oscuro y rudo en un taller de carpintero; pasé humillaciones y desprecios de parte de los que encargaban trabajo a Mi Padre San José..., no me desdeñé de ayudar a Mi Madre en las faenas de la casa..., y, sin embargo, ¿no tenía más talento que el que se requiere para ejercer el tosco oficio de carpintero, Yo que a la edad de doce años enseñé a los Doctores en el Templo? 

          Pero era la Voluntad de Mi Padre Celestial y así le glorificaba. Cuando dejé Nazaret y empecé Mi vida pública, habría podido darme a conocer por Mesías e Hijo de Dios, para que los hombres escuchasen Mis enseñanzas con veneración; pero no lo hice porque Mi único deseo era cumplir la voluntad de Mi Padre... Y cuando llegó la hora de Mi Pasión, a través de la crueldad de los unos y de las afrentas de los otros, del abandono de los Míos y de la ingratitud de las turbas..., a través del indecible martirio de Mi Cuerpo y de las vivísimas repugnancias de Mi naturaleza humana, Mi alma, con mayor amor aún, se abrazaba con la Voluntad de Mi Padre Celestial... Cuando, después de haber pasado por encima de las repugnancias y sutilezas de amor propio, que os sugiere vuestra naturaleza..., abracéis con generosidad la Voluntad Divina, sólo entonces llegaréis a gozar de las más inefables dulzuras, en una íntima unión de voluntades, entre el Divino Esposo y vuestra alma.

          Esto que he dicho a las almas que sienten honor a la vida humilde y oscura, lo repito a las que, por el contrario, son llamadas a trabajar en continuo contacto con el mundo, cuando su atractivo sería la completa soledad y los trabajos humildes y ocultos... ¡Almas escogidas! Vuestra felicidad y vuestra perfección no consiste en ser conocidas o desconocidas de las criaturas, ni en emplear u ocultar el talento que poseéis... Lo único que os procurará felicidad cumplida es hacer la Voluntad de Dios, abrazarla con amor y por amor unirse y conformarse con entera sumisión a todo lo que por Su Gloria y vuestra santificación os pida.

          Basta por hoy, Josefa; mañana continuaré. Ama y abraza Mi Voluntad alegremente: ya sabes que está en todo trazada por el amor.



Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez






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jueves, 29 de marzo de 2018

MARZO, MES DE SAN JOSÉ DÍA 29: LA MUERTE DE SAN JOSÉ




          MEDITACIÓN: San José muere en la casa de Jesús, y muere en los brazos de Jesús y de María. ¡Qué muerte feliz!

     San José muere en los brazos de su Juez, a quien da el nombre de hijo. ¡Qué confianza en la muerte!
     San José se despide por poco tiempo, y sabe que va a estar siempre con Jesús y con María. ¡Qué muerte deseable!

          FRUTO: La muerte es el espejo de la vida; vive como San José, para que sea igual tu muerte.

          JACULATORIA: Felicísimo Patriarca, asistido por Jesús y por María en vuestra muerte, me asistió en aquel trance.

          ORACIÓN: Oh Dios, que por inefable providencia te dignaste escoger a San José por esposo de tu Madre Santísima; concédenos, te pedimos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo, aquel que veneramos en la tierra como protector. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos. Amén.

          TERMINAMOS rezando el Avejosefino:





LA PRISIÓN DE NUESTRO SEÑOR SE RENUEVA CADA DÍA EN EL SAGRARIO Tercera Reflexión para el Jueves Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"


           En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 



Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
y de Mis confidencias con las almas.




          La Prisión Contémplame en la prisión, donde pasé gran parte de la noche. Los soldados venían a insultarme de palabra y de obra, empujándome, golpeándome. Al fin, hartos de Mí, me dejaron solo, atado, en una habitación oscura y húmeda, sin más asiento que una piedra, donde mi cuerpo dolorido se quedó al poco rato aterido de frío... 

          Vamos ahora a comparar la prisión con el Sagrario, y, sobre todo, con los corazones de los que me reciben. En la prisión, pasé una noche no entera...; pero en el Sagrario, ¡cuántas noches y días paso! 

          En la prisión me ultrajaron los soldados, que eran mis enemigos... Pero en el Sagrario me maltratan y me insultan almas que me llaman Padre... En la prisión pasé frío y sueño, hambre y sed, vergüenza, dolores, soledad y desamparo..., y desde allí veía, en el transcurso de los siglos, tantos Sagrarios en los que me faltaría el abrigo del amor... Cuántos corazones helados serían para mi cuerpo frío y herido como la piedra de la prisión! ¡Cuántas veces tendría sed de amor, sed de almas!... ¡Cuántos días espero que tal alma venga a visitarme en el Sagrario y a recibirme en su corazón! ¡Cuántas noches me paso solo... y pensando en ella!... ¡Qué de veces siento hambre de mis almas!... de su fidelidad generosa: ¿Sabrán calmarla con aquella ocasión de vencerse .., con esta ligera mortificación?... ¿Sabrán, cuando llegue la hora del dolor..., cuando hayan de pasar por una humillación..., una contrariedad..., una pena de familia o un momento de soledad y desolación, decirme desde el fondo del alma: «Os lo ofrezco para aliviar vuestra tristeza, para acompañaros en vuestra soledad?» ¡Ah! Si de este modo supieran unirse a Mí. ¡Con cuánta paz pasarían por aquella tribulación! Su alma saldría de ella fortalecida y habrían aliviado mi Corazón.

          En la prisión sentí vergüenza al oír las horribles palabras que se proferían contra Mí..., y esta vergüenza creció al ver que más tarde esas mismas palabras serían repetidas por almas muy amadas. Cuando aquellas manos sucias y repugnantes descargaban sobre Mí golpes y bofetadas, vi cómo sería muchas veces golpeado y abofeteado por tantas almas que, sin purificarse de sus pecados, me recibirán en sus corazones, y con sus pecados habituales descargarían sabre Mí repetidos golpes. Cuando en la prisión me empujaban, y Yo, atado y falto de fuerzas, caía en tierra, vi cómo tantas almas, por no renunciar a una vana satisfacción me despreciarían, y atándome con las cadenas de su ingratitud me arrojarían de su corazón y me dejarían caer en tierra renovando Mi vergüenza y prolongando Mi soledad. «¡Almas escogidas! Mirad a vuestro Esposo en la prisión; contempladle en esta noche de tanto dolor... 

          Y considerad que este dolor se prolonga en la soledad de tantos Sagrarios, en la frialdad de tantos corazones... Si queréis darme una prueba de vuestro amor, abridme vuestro pecho para que haga de él Mi prisión. Atadme con las cadenas de vuestro amor... Cubridme con vuestras delicadezas... Alimentadme con vuestra generosidad... Apagad Mi sed con vuestro celo... Consolad Mi tristeza y desamparo con vuestra fiel compañía. Haced desaparecer Mi dolorosa vergüenza con vuestra pureza y rectitud de intención. Si queréis que descanse en vosotras, evitad el tumulto de pasiones, y en el silencio de vuestra alma dormiré tranquilo; de vez en cuando oiréis Mi voz que os dice suavemente: Esposa mía, que ahora eres Mi descanso, Yo seré el tuyo en la eternidad; a ti, que con tanto desvelo y amor me procuras la prisión de tu corazón, Yo te prometo que Mi recompensa no tendrá límites y no te pesarán los sacrificios que hayas hecho por Mí durante tu vida».



Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez






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LA DOLOROSA AGONÍA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL EL HUERTO DE GETSEMANÍ, Segunda Reflexión para el Jueves Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"


          En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 

Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
y de Mis confidencias con las almas. 




          Getsemaní Josefa, ven Conmigo, vamos a Getsemaní... Deja que tu alma se penetre de los mismos sentimientos de tristeza y amargura que inundaron la mía en aquella hora.

          Después de haber predicado a las turbas, curado los enfermos, dado vista a los ciegos, resucitado a los muertos... después de haber vivido tres años en medio de Mis Apóstoles para instruirlos y confiarles Mi Doctrina... les había enseñado, con Mi ejemplo, a amarse, a soportarse mutuamente, a practicar la caridad lavándoles los pies y haciéndome Su alimento. Se acercaba la hora para la que el Hijo de Dios se había hecho hombre... Redentor del género humano, iba a derramar Su Sangre y dar Su vida por el mundo... En esa hora quise ponerme en oración y entregarme a la Voluntad de Mi Padre. ¡Almas queridas! 

          Aprended de vuestro modelo que la única cosa necesaria, aunque la naturaleza se rebele, es someterse con humildad y entregarse a la Voluntad de Dios. También quise enseñar a las almas que toda acción importante debe ir prevenida y vivificada por la oración, porque en la oración se fortifica el alma para lo más difícil y Dios se comunica a ella, y la aconseja e inspira, aun cuando el alma no lo sienta. Me retiré al huerto con tres de Mis Discípulos para enseñaros, almas amadas de Mi Corazón, que las tres potencias de vuestra alma deben acompañaros y ayudaros en la oración. Recordad con la memoria los beneficios divinos, las perfecciones de Dios; Su Bondad, Su Poder, Su Misericordia, el Amor que os tiene. 

          Buscad después con el entendimiento cómo podréis corresponder a las maravillas que ha hecho por vosotras... Dejad que se mueva vuestra voluntad, a hacer por Dios lo más y lo mejor, a consagraros a la salvación de las almas, ya por medio de vuestros trabajos apostólicos, ya por vuestra vida humilde y oculta, o en el retiro o silencio por medio de la oración. Postraros humildemente, como criaturas en presencia de su creador, y adorad Sus designios sobre vosotras, sean cuales fueren, sometiendo vuestra voluntad a la divina. Así me ofrecí Yo para realizar la obra de la Redención del mundo. ¡Ahí ¡Qué momento aquel en que sentí venir sobre Mí todos los tormentos que había de sufrir en Mi Pasión: las calumnias, los insultos, los azotes, la corona de espinas, la sed, la Cruz!... Todo se agolpó ante Mis ojos y dentro de Mi Corazón.

          Al mismo tiempo vi las ofensas; los pecados y las abominaciones que se cometerían en el transcurso de los siglos, y no solamente los vi, sino que me sentí revestido de todos esos horrores y así me presenté a Mi Padre Celestial para implorar Misericordia. Me ofrecía como fiador para calmar Su Cólera y aplacar Su Ira. Pero viendo tanto pecado y tantos crímenes, Mi naturaleza humana experimentó terrible angustia y mortal agonía, hasta tal punto, que sudé sangre. ¡Oh! Almas que me hacéis sufrir de esta manera, ¿será esta Sangre salud y vida para vosotras?... ¿Será posible que esta angustia, esta Agonía y esta Sangre sean inútiles para tantas y tantas almas?... Aquí nos quedaremos hoy, Josefa. Permanece a mi lado en Getsemaní y deja que mi Sangre riegue y fortifique la raíz de tu pequeñez. 



Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez






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NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO INSTITUYE EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA. Pimera Reflexión para el Jueves Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"


          En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 



Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
y de Mis confidencias con las almas.




          En el momento de instituir la Eucaristía vi presentes a todas las almas privilegiadas que habían de alimentarse con Mi Cuerpo y con Mi Sangre y los diferentes efectos producidos en ellas. Para unas, sería remedio a su debilidad; para otras, fuego que consumiría sus miserias y las inflamaría en amor. ¡Ah!... Esas almas reunidas ante Mí serán como un inmenso jardín en el que cada planta produce diferente flor; pero todas me recrean con su perfume. Mi Sagrado Cuerpo será el sol que las reanime. Me acercaré a unas para consolarme, a otras para ocultarme, en otras descansaré. Si supierais, almas amadísimas, cuán fácil es consolar, ocultar y descansar a todo un Dios! Este Dios que os ama con amor infinito, después de libraros de la esclavitud del pecado, ha sembrado en vosotros la gracia incomparable de la vocación religiosa, os ha traído de un modo misterioso al jardín de sus delicias. Este Dios Redentor vuestro se ha hecho vuestro Esposo. El mismo os alimenta con Su Cuerpo purísimo, y con Su Sangre apaga vuestra sed. En El encontraréis el descanso y la felicidad.


          Qué amargura sentí en Mi Corazón cuando vi a tantas almas que, después de haberlas colmado de bienes y de caricias, habían de ser motivo de tristeza para Mi Corazón. ¿No soy siempre el mismo?... ¿Acaso he cambiado para vosotras?... No, Yo no cambiaré jamás, y hasta el fin de los siglos os amaré con predilección y con ternura. Sé que estáis llenas de miserias, pero esto no me hará apartar de vosotras Mis miradas más tiernas, y con ansia os estoy esperando, no sólo para aliviar vuestras miserias, sino también para colmaros de nuevos beneficios. 

          Si os pido amor, no me lo neguéis; es muy fácil amar al que es el Amor mismo. Si os pido algo costoso a vuestra naturaleza, os doy juntamente la gracia y la fuerza necesaria para venceros. Os he escogido para que seáis Mi consuelo. Dejadme entrar en vuestra alma, y si no encontráis en ella nada que sea digno de Mí, decidme con humildad y confianza: Señor, ya veis los frutos y las flores que produce mi jardín. Venid y decidme qué debo hacer para que desde hoy empiece a brotar la flor que deseáis. Si el alma me dice esto con verdadero deseo de probarme su amor le responderé: Alma querida, para que tu jardín produzca hermosas flores, deja que Yo mismo las cultive; deja que Yo labre la tierra; empezaré por arrancar hoy esta raíz que me estorba y que tus fuerzas no alcanzan a quitar. 

          No te turbes si te pido el sacrificio de tus gustos, de tu carácter..., tal acto de caridad, de paciencia, de abnegación..., de celo, de mortificación, de obediencia. Este es el abono que mejorará la tierra y la hará producir flores y frutos. La victoria sobre tu carácter, en tal ocasión, obtendrá luz para un pecador; con esta contrariedad soportada con alegría, cicatrizarás las heridas que me hizo con su pecado, repararás la ofensa y expiarás su falta... Si no te turbas al recibir esta advertencia y la aceptas con cierto gozo alcanzarás que las almas a quienes ciega la soberbia abran los ojos a la luz y pidan humildemente perdón. Esto haré Yo en tu alma si me dejas trabajar libremente: en ella no sólo brotarán flores en seguida, sino que darás gran consuelo a mi Corazón... 

          Señor, ya veis que estaba dispuesta a dejaros hacer de mí lo que quisierais y no sé cómo he caído y os he disgustado. ¿Me perdonaréis? ¡Soy tan miserable!... ¡No sirvo para nada!... Sí, alma querida, sirves para consolarme. No te desanimes, porque si no hubieses caído tal vez no hubieras hecho este acto de humildad y de amor que la falta te obliga a hacer y que tanto me consuela. Animo y adelante. Déjame trabajar en ti. Todo esto se me puso delante al instituir la Eucaristía: El Amor me encendía en deseos de ser el alimento de las almas. No me quedaba entre los hombres para vivir solamente con los perfectos, sino para sostener a los débiles y alimentar a los pequeños. Yo los haré crecer y robusteceré sus almas. Descansaré en sus miserias y sus buenos deseos me consolarán.

          «Pero, ¡ay, Josefa! Entre las almas escogidas, ¿no habrá algunas que me causen pena?... ¿Perseverarán todas?... Este es el grito de dolor que se escapa de Mi Corazón. Este es el gemido que quiero oigan las almas.» 

          «Basta por hoy. Adiós. No sabes cuánto me consuelas cuando te entregas a Mí con entero abandono... No todos los días puedo hablar a las almas. Deja que para ellas, te diga Mis secretos... Déjame aprovechar los días de tu vida»...



Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez






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miércoles, 28 de marzo de 2018

NEGACIÓN DE SAN PEDRO, ABANDONO DE LA GENUINA DOCTRINA. Segunda Reflexión para el Miércoles Santo, tomada de "Un Llamamiento al Amor"


               En la Cuaresma de 1923, Nuestro Señor reveló a Sor Josefa Menéndez los sentimientos de Su Corazón durante su Sagrada Pasión. Sor Josefa recibía de rodillas las confidencias de su Maestro y mientras El hablaba, las escribía. Estas páginas contienen, en parte, esas divinas confidencias. 

Josefa, Esposa y víctima de Mi Corazón, 
voy a hablarte de Mi Pasión, 
para que sea el objeto constante de tu pensamiento
 y de Mis confidencias con las almas. 



          ¡Mis Apóstoles me habían abandonado!... Pedro, movido de curiosidad, pero lleno de temor, se quedó oculto entre la servidumbre. A mi alrededor sólo había acusadores que buscaban cómo acumular contra Mí delitos que pudieran encender más la cólera de jueces tan inicuos. Me llaman perturbador, profanador del sábado, falso profeta. La soldadesca, excitada por las calumnias, profiere contra Mí gritos y amenazas. 

          ¿Dónde estáis vosotros, apóstoles y discípulos que habéis sido testigos de Mi Vida, de Mi Doctrina, de Mis Milagros?... ¡Ah!, de todos aquellos de quienes esperaba alguna prueba de amor, no queda ninguno para defenderme; me encuentro solo y rodeado de soldados, que, como lobos, quieren devorarme. 

          Mirad cómo me maltratan: uno descarga sobre Mi Rostro una bofetada, otro me arroja su inmunda saliva; otro me tuerce el rostro en son de burla. Mientras mi Corazón se ofrece a sufrir todos estos suplicios, Pedro, a quien había constituido Jefe y Cabeza de la Iglesia y que algunas horas antes había prometido seguirme hasta la muerte.,., a una simple pregunta, que podía haberle servido para dar testimonio de Mí, ¡me niega! Y como el temor se apodera más y más de él y la pregunta se reitera, jura que jamás me ha conocido ni ha sido Mi discípulo... ¡Ah! ¡Pedro! ¡Juras que no conoces a tu Maestro!... No sólo juras, sino que, interrogado por tercera vez, respondes con horribles imprecaciones. 

          ¡Almas escogidas!... Cuando el mundo clama contra Mí, ¡qué tristeza, qué inmensa amargura para Mi Corazón si, volviéndose entonces a los amigos, se encuentra sólo y abandonado de ellos! Os diré como a Pedro: ¡Alma a quien tanto amo!... ¿No te acuerdas ya de las pruebas de amor que te he dado? ¿Te olvidas de los lazos que te unen a Mí?... ¿Olvidas cuántas veces me has prometido ser fiel y defenderme? No confíes en ti misma porque entonces estás perdida. Pero si recurres a Mí con la humildad y firme confianza, no tengas miedo: Yo te sostendré. Y vosotras, almas que vivís en el mundo rodeadas de tantos peligros..., huid de las ocasiones... En cuanto a las que trabajáis en Mi viña..., si os sentís movidas por curiosidad o por alguna satisfacción humana, también os diré que huyáis; pero si trabajáis puramente por obediencia o impulsadas por el celo de las almas y de Mi gloria, no temáis... Yo os defenderé y saldréis victoriosas...

          Cuando los soldados me conducían a la prisión, al pasar por uno de los patios vi a Pedro, que estaba entre la turba... Le miré... El también me miró... Y lloró amargamente su pecado. ¡Cuántas veces miro así al alma que ha pecado!... Pero, ¿me mira ella también? ¡Ah!... Que no siempre se encuentran estas dos miradas... ¡Cuántas veces miro al alma y ella no me mira a Mí!... No me ve... Está ciega... La llamo por su nombre y no me responde... Le envío una tribulación para que salga de su sueño, pero no quiere despertar... ¡Almas queridas! Si no miráis al Cielo viviréis como los seres privados de la razón... Levantad la cabeza y ved la Patria que os espera. Buscad a vuestro Dios y siempre le encontraréis con los ojos fijos en vosotras, y en su mirada hallaréis la paz y la vida.



Extraído de "Un Llamamiento al Amor", Revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús
 a la humilde religiosa Sor Josefa Menéndez






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MARZO, MES DE SAN JOSÉ DÍA 28: SAN JOSÉ, SIERVO FIEL




          MEDITACIÓN: San José mereció ser constituido sobre la Sagrada Familia porque fue fiel en el servicio de Dios.

     Sirvió San José a Jesús y a María, con el entendimiento, como corazón, con las fuerzas y trabajos corporales: fue fidelísimo Siervo de Dios.
     San José trabajaba por Jesús y por María, como quien no se pertenecía a sí, sino a ellos, de los cuales se juzgaba verdadero esclavo. ¡Qué humildad y qué fidelidad!
          FRUTO: Acuérdate de la palabra de Cristo: es imposible servir a Dios y al mundo conjuntamente.
          JACULATORIA: San José, siervo fiel, alcanza la fidelidad en el servicio divino.

          ORACIÓN: Oh Dios, que por inefable providencia te dignaste escoger a San José por esposo de tu Madre Santísima; concédenos, te pedimos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo, aquel que veneramos en la tierra como protector. Vos que vivís y reináis por todos los siglos de los siglos. Amén.

          TERMINAMOS rezando el Avejosefino: